Seguro habrás escuchado el ya famoso Sindrome de Ulises, a quien yo llamo un viajero guerrero, que así cómo yo y quizás también como tú, viajo atravesando adversidades que muchos no pueden imaginar o sentir. Ambos llevamos una maleta muy pesada a cuestas y se llama: la culpa. Y te preguntaras! que tiene que ver el sindrome con la culpa, aquí te cuento.
De dónde viene esta culpa
Ulises/Odiseo es el legendario protagonista de la Odisea de Homero y rey de Ítaca, quien embarcó a la Guerra de Troya y tardó diez años en volver. Diez años navegando entre monstruos, tormentas y sirenas, siempre añorando Ítaca, sin poder llegar. Sin poder quedarse tampoco.
En el canto V, expresa el nucleo de la experiencia de Ulises quien consumía su vida añorando su regreso al hogar:
…No se habían secado sus ojos del llanto, y su dulce vida se consumía añorando el regreso, puesto que ya no le agradaba la ninfa, aunque pasaba las noches por la fuerza en la cóncava cueva junto a la que lo amaba sin que él la amara. Durante el día se sentaba en las piedras de la orilla desgarrando su ánimo con lágrimas, gemidos y dolores, y miraba al estéril mar derramando lágrimas.
Es aquí cuando el psiquiatra Joseba Achotegui tan acertadamente hace la analogia y tan acertadamente acuña el termino, para describir lo que viven muchos emigrantes cuando el duelo migratorio se vuelve insostenible: el síndrome de Ulises, también llamado síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple.
Hay que recalcar que no todos lo padecen en la misma intensidad, ya que tanto las circunstancias como las condiciones son diferentes en cada caso. Esta es la forma de responder de nuestro sistema nervioso; es una respuesta humana completamente comprensible ante una situación extraordinariamente difícil.
Qué es exactamente el síndrome de Ulises
Es el conjunto de síntomas emocionales y psicológicos que aparecen cuando un emigrante acumula demasiados duelos a la vez, sin recursos suficientes para transitarlos, y sin red de apoyo que los sostenga.
El nombre lo dice todo: estar lejos de casa, desear volver, no poder hacerlo, seguir adelante de todas formas. Esa tensión sostenida durante demasiado tiempo tiene un coste físico y mental.
No todos los emigrantes lo desarrollan. Aparece especialmente cuando se combinan varios factores: separación de los seres queridos, sensación de fracaso o frustración, lucha por la supervivencia, miedo (a la situación legal, económica, al rechazo), y soledad profunda.
Una vez mas La Odisea en el Canto IX refleja ese sentimiento de desconexión de Ulises con su ser:
Cíclope, preguntas por mi nombre ilustre; voy a decírtelo. Pero tú dame el regalo de hospitalidad que me prometiste. Mi nombre es Nadie y Nadie me llaman todos, mi madre y mi padre y todos mis compañeros.
Las cuatro áreas de síntomas
- Síntomas depresivos Tristeza persistente. Llanto frecuente o, al contrario, imposibilidad de llorar aunque lo necesites. Sensación de vacío. Pérdida de sentido. La pregunta «para qué» aparece con mucha frecuencia.
- Síntomas de ansiedad Preocupación constante. Pensamientos en bucle. Dificultad para desconectar. Tensión corporal que no cede. A veces ataques de ansiedad sin detonante claro.
- Síntomas somáticos El cuerpo habla lo que no puede decirse. Dolores de cabeza frecuentes. Problemas digestivos. Fatiga crónica. Insomnio o necesidad excesiva de dormir. Tensión en el cuello y los hombros. Si quieres entender más sobre cómo el cuerpo expresa el duelo, el artículo sobre duelo migratorio lo explica en profundidad.
- Síntomas confusionales Dificultad para concentrarse. Problemas de memoria. Sensación de estar «en automático». A veces desorientación temporal, como si el tiempo no fluyera con normalidad.
Señales concretas de que puedes estar viviéndolo
Ulises tardó diez años en volver a casa. Tú llevas años intentando llegar a un lugar que ya no sabes muy bien dónde está. Ese es el precio de haberte atrevido a moverte cuando otros se quedaron.
Por qué no es «solo estrés» ni «hay que aguantar»
Una de las razones por las que el síndrome de Ulises se cronifica es que quienes lo viven minimizan lo que están sintiendo. Lo que escucho a diario es: «Otros lo pasan peor.» «Es normal, es lo que toca.» «Me tengo que adaptar y ya.» «Tengo que ser fuerte» «yo puedo con todo».
Esa autoexigencia es comprensible. Pero el duelo ignorado, no atendido no desaparece a medida que pasa el tiempo: se instala. Y cuando se instala demasiado tiempo, le cuesta más salir.
El síndrome de Ulises no se resuelve con el tiempo. No es cuestión de «adaptarse más» o «ser más fuerte». Es cuestión de que alguien te acompañe a transitar lo que llevas cargando.
Qué puede ayudar
Nombrar lo que está pasando. Muchas personas sienten un alivio enorme cuando escuchan que lo que viven tiene nombre, que no están «locas», que hay miles de personas en la misma situación.
Reconstruir vínculos. El aislamiento agrava el síndrome. No se trata de forzar amistades, sino de buscar contextos donde puedas ser tú, sin tener que explicarte constantemente.
Trabajar los duelos de fondo. El síndrome de Ulises no es solo estrés acumulado. Debajo hay duelos concretos: personas, lugares, versiones de ti mismo, lealtades familiares no resueltas. Esos duelos necesitan atención específica.
Acompañamiento sistémico. La terapia sistémica y las constelaciones familiares son herramientas especialmente eficaces aquí porque trabajan precisamente lo que está en el núcleo: los vínculos, las lealtades invisibles, los sistemas de los que venimos y que seguimos cargando aunque estemos a miles de kilómetros.
La diferencia entre sobrevivir y volver a vivir
Muchas personas que llegan a mis sesiones llevan meses o años en modo supervivencia. Funcionan. Trabajan. Mantienen las apariencias. Pero hay algo apagado.
El trabajo no consiste en «superar» el proceso migratorio ni en dejar de sentir lo que sientes. Consiste en que puedas integrar todo lo que has vivido — lo que dejaste, lo que perdiste, lo que ganaste, lo que aún no sabes — sin que ese peso te impida estar presente en tu vida.
Eso es posible. Lo veo en las personas con quienes trabajo.
Si te reconoces en lo que describes este artículo, no tienes que seguir cargando esto solo.
Este artículo es parte de una serie sobre la experiencia emocional del emigrante. Puedes continuar leyendo sobre el duelo migratorio o sobre la culpa del emigrante.



